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martes, 2 de diciembre de 2008

Aceptación


En el pueblo donde vivía el gran Maestro Zen Hakuin, una joven se quedó embarazada. Su padre la presionó para que revelara el nombre de su amante y al final, para escapar del castigo, la joven dijo que era Hakuin.
El padre no dijo nada más, pero cuando nació el niño se lo llevó a Hakuin, se lo arrojó y le dijo: "parece que éste es tu hijo", agregando toda clase de insultos.
El Maestro Zen sólo dijo: "¡Oh! ¿es así?" y tomó el bebé en sus brazos. A partir de este momento a dondequiera que iba, llevaba el bebé consigo, envuelto en la manga de su túnica. En noches de lluvia y de tormenta iba a mendigar leche en las casas vecinas. Muchos de sus discipulos, considerándolo un hombre acabado, se volvieron en contra suya y lo abandonaron.
Hakuin no dijo una sola palabra.
Mientras tanto la madre sintió que no podía tolerar la agonía de estar separada de su hijo. Confesó entonces el nombre del verdadero padre y el padre de la joven corrió a ver a Hakuin y se postró ante él rogándole que le perdonara.
Hakuin sólo dijo: "¡Oh! ¿es así?" y le devolvió al niño.


"Esto es aceptación. Todo lo que la vida trae está bien, absolutamente bien. Esta es la cualidad del espejo: nada es bueno, nada es malo, todo es divino. Acepta la vida tal como es. Aceptándola, los deseos desaparecen, las tensiones, el descontento, desaparecen. Aceptándola, uno empieza a sentirse alegre sin razón alguna."


(Imagen y texto extraido de "Osho Neo-Tarot")

domingo, 26 de octubre de 2008

Cuento Sufi


Esta es una famosa historia sufi:
Un emperador estaba saliendo de su palacio para dar un paseo matutino cuando se encontró con un mendigo. Le preguntó: "¿Qué quieres?".
El mendigo se rió y dijo: "Me preguntas como si tú pudieras satisfacer mi deseo".
El rey se rió y dijo: "Por su puesto que puedo satisfacer tu deseo ¿Qué es? Simplemente dímelo".
Y el mendigo dijo: "Piénsalo dos veces antes de prometer".
El mendigo no era un mendigo cualquiera, había sido el Maestrao del Emperador en una vida pasada. Y en esta vida le había prometido: "vendré y trataré de despertarte en tu próxima vida. En esta vida no lo has logrado, pero volveré". El rey lo había olvidado por completo: ¿quién se acuerda de sus vidas pasadas? Insistió: "Te daré cualquier cosa que pidas. Soy un emperador muy poderoso,, ¿qué puedes tu desear que yo no pueda darte?".
El mendigo le dijo: "Es un deseo muy simple ¿Ves esta escudilla? ¿Puedes llenarla con algo?":
"Por supuesro" -dijo el emperador. Llamó a uno de sus seridores y le dijo: "Llena de dinero la escudilla de este hombre". El servidor trajo un poco de dinero y lo echó en la escudilla... y el dinero despareció. Echó más y más y apenas lo echaba desaparecía. La escudilla del mendigo estaba siempre vacía.
Todo el palacio se reunió. El rumor se corrió por toda la ciudad y una gran multitud se reunió allí. El prestigio del emperador estaba en juego. Les dijo a sus servidores: "Estoy dispuesto a perder mi reino entero, pero este mendigo no debe derrotarme".
Diamantes, perlas, esmeraldas...los tesoros se iban vaciando. La escudilla parecía no tener fondo. Todo lo que se colocaba en ella desaparecía inmediatamente. Era el atardecer y la gente estaba allí reunida en completo silencio. El rey se arrojó a los pies del mendigo y admitió su derrota. Le dijo: "Has ganado, pero antes de que te vayas, satisface mi curiosidad, ¿de qué está hecha tu escudilla?".
El mendigo se rió y dijo: "Está hecha del mismo marerial que la mente humana. No hay ningún secreto... simplemente está hecha de deseos humanos".



"Es hora de que dejes de buscar fuera de ti mismo lo que te haría feliz. Mira hacia adentro."